Un don inestimable

Editorial de padre Oreste Benzi, publicado en la revista "Sempre" Julio 2004

En fecha 25 de marzo 2004, día de la Anunciación, la Asociación Comunidad Papa Juan XXIII obtuvo la confirmación del reconocimiento como Asociación Internacional de fieles de derecho pontificio con personalidad jurídica, por parte de la Iglesia por intermedio del Consejo Pontificio para los Laicos. Obtuvo también la aprobación definitiva de los Estatutos y de la Carta de Fundación que es parte integrante de ellos.

El 7 de octubre de 1998, día de la Virgen del Rosario, el mismo Dicasterio había aprobado un período de 5 años de experimentación para nuestra Asociación. Ahora la aprobación es definitiva. ¿Por qué el reconocimiento es un don inestimable? Para que los hermanos y hermanas de la Comunidad y aquellos que viven el periodo de verificación vocacional puedan vivir en el gozo y la alegría, con la certeza absoluta de que la vocación de la Comunidad es camino seguro hacia la santificación, la construcción del Reino de Dios, la participación a la misión de salvación de la Iglesia, con el fin de remover las causas de la marginación, para realizar los cielos nuevos y las tierras nuevas donde reina la justicia de Dios.

El gozo es grande, porque la línea de acción actuada en todos estos años, siempre en comunión y estrechamente unidos a nuestros obispos de las diócesis donde hemos estado presentes, ha sido bendecida por el Señor, también la manera de existir, pensar y cooperar en unión estrecha con el Santo Padre, pastor universal de la Iglesia, con el Consejo Pontificio para los Laicos y con los otros dicasterios de la Iglesia. El principio gozoso y dinámico del camino de santificación es Jesús en su manera de ser pobre, siervo, victima de expiación del pecado del mundo. El principio gozoso en el camino de realización del Reino de Dios y de participación a la misión de salvación de la iglesia, es siempre Jesús, quien se hizo hombre para compartir la vida de los hombres empezando por los últimos.

El compartir directamente la vida de los últimos es nuestro camino para realizar concretamente el Reino de Dios. La Iglesia, “que rodea de afectuoso cuidado cuantos son afligidos por la debilidad humana, más aún reconoce en los pobres y en los sufrientes, la imagen del Fundador pobre y sufriente y se preocupa de levantar la indigencia y, en ellos, pretende servir a Cristo” (Lumen Gentium), ha reconocido el valor de todas las líneas de vida contenidas en los Estatutos y en la Carta de Fundación.

Repican en este momento las palabras de nuestro obispo Emilio Balestrieri, quien, en 1971, en la oportunidad de su carta de aprobación de la recién nacida Comunidad, que más adelante tomó el nombre de Papa Juan XXIII, dijo: “La Asociación es una pequeña comunidad, pero es muy importante en la vida de la Iglesia”. Se han quedado en nuestro corazón y en nuestra vida las palabras de nuestro obispo Giovanni Locatelli: “Cuando les pregunten donde viven, contesten: nuestra morada es entre los pobres y necesitados”.

Repican en nuestro corazón las palabras del cardenal James Francis Stafford dirigidas a la delegación de la Asociación cuando nos entregó el Decreto de Reconocimiento en 1998: “La Iglesia reconoce que la manera de vivir que han elegido, de seguir a Jesús pobre y siervo, es un camino evangélico de santificación que los lleva a conformar su vida a la de Él y a compartir directamente por Jesús, con Jesús y en Jesús, la vida de los últimos. El Señor los llama a esta específica vocación, a conducir una vida de pobres viviendo la fraternidad. Me viene espontáneamente a la mente la vida de aquel joven quien había obedecido los mandamientos desde su juventud: “Jesús, lo miró, lo amó y le dijo: Una sola cosa te falta, vende tus pertenencias y entrégalas a los pobres y tendrás un tesoro en el cielo, después ven y sígueme”. Jesús dirigió su mirada sobre ustedes y los amó y ustedes han respondido con generosidad. Él no les hará faltar su gracia y su ayuda”.

Hemos acogido con gozo y conmoción las palabras de monseñor Stanislaw Rylko, Presidente del Consejo Pontificio para los Laicos, que nos dirigió en el Decreto de confirmación del reconocimiento de la Asociación Comunidad Papa Juan XXIII y la aprobación definitiva de los Estatutos: “Esperados los frutos de santidad y de compromiso misionero para la nueva evangelización llevados a la Iglesia por los miembros de la Comunidad, quienes se comprometen a seguir a Jesús pobre, siervo y sufriente, compartiendo la propia vida con la de las personas espiritualmente y materialmente más necesitadas de la sociedad”. Estas palabras representan para nosotros un estímulo y un llamado gozoso permanente. Nuestro agradecimiento es sin fin. Nuestra confianza en María es fuente de nuestro gozo. Los miembros de la Comunidad ven en María, que quiso ser la Sierva del Señor, eligiendo que se hiciera de ella según su palabra, la madre, y tratan de desarrollar con ella una relación de confianza y amor. Nutren viva confianza en la “Madre de los Pobres”, seguros que su esperanza de ser totalmente conformes con Jesús, no será decepcionada.

El compartir directo de la vida de los últimos es nuestro camino para realizar concretamente el Reino de Dios.