Hacia el reconocimiento pontificio
Las intuiciones y el recorrido que llevó la Comunidad Papa Juan XXIII a ser oficialmente reconocida por la Iglesia
Al final del primer campamento de verano en septiembre de 1968 al cual participaron numerosos jóvenes con discapacidad, acontecimiento revolucionario considerando la época, padre Oreste Benzi, comentando los resultados y efectos obtenidos, dijo: “Lo sucedido se puede sintetizar en una frase: el Señor nos a hecho encontrar a los pobres y los pobres nos han hecho encontrar a Cristo“. Los pobres marcarán siempre las futuras etapas de crecimiento de la Comunidad y a través del Espíritu Santo abrirán el corazón y mente de sus miembros.
En 1973 con la apertura de la primera casa familia, se produjo en la comunidad una nueva toma de conciencia sobre la propia particular espiritualidad y vocación, aunque todavía no había sido bien determinada.
En 1975 el Obispo de Rimini Mons. Emilio Biancheri dijo: “La asociación es pequeña cosa como numero de personas, pero es muy grande su significado y su función en la diócesis”.
Se esperará hasta los años 1973/1980 para que la comunidad y su fundador empezasen a escribir sobre este tema. En los años anteriores ya habían sido consolidados algunos puntos firmes: el sentido de pertenencia a la Iglesia y la obediencia al Obispo de la diócesis en la cual se operaba. En cada casa familia se encuentra la capilla con Jesus físicamente presente para permitir la adoración cotidiana. Se entiende que “para estar de pie se precisa estar de rodillas”, porque el compartir directo de la vida de todos los días con los mas pobres y abandonados es a veces difícil. Se comprende que participar cotidianamente a la S. Misa es necesario como leer y meditar la Palabra de Dios.
En 1980 padre Oreste Benzi pidió a Mons. Giovanni Locatelli, Obispo de Rimini, un reconocimiento eclesial para la comunidad. El Obispo, con atento amor de padre, pidió a la comunidad que reflexionara sobre si misma y que le expresara qué es, cual es su misión, su camino. Empieza un largo período en el que se reza, se reflexiona, se confronta. Al terminar se elaboró y escribió un esquema de vida en el cual la comunidad aclara la vocación a la cual se siente llamada, para responder, en su pequeña parte, a la universal llamada a la santidad y edificación de la Iglesia.
En 1983 Mons. Locatelli reconoce la Comunidad Papa Juan XXIII en el segundo grupo de agregaciones eclesiales, en base a la nota pastoral de la CEI (Conferencia Episcopal Italiana) del 1981 “Criterios de eclesialidad de los grupos, movimientos o asociaciones de los fieles en la Iglesia”.
Es un don estupendo; se tiene la certeza de no caminar en vano. Es un estímulo para todos los miembros a meditar y profundizar más la propia vocación específica, cuyos principales aspectos son: seguir a Jesus pobre, siervo y sufriente que espía el pecado del mundo, compartiendo directamente la vida de los últimos, conduciendo una vida de pobres, dando espacio a la oración y la contemplación, dejándose guiar en la obediencia la cual confirma la correcta interpretación de la voluntad del Señor, viviendo la fraternidad. Después de esta toma de conciencia, la Comunidad Papa Juan XXIII en aquellos años se abrió a muchos modos de compartir entre los pobres.
Algunas personas entendieron que debían mayoritariamente vivir el aspecto contemplativo y, confirmados, empezaron a vivir una vida retirada y pobre, teniendo como fundamento la oración incesante.
Ya a principios de los años ’90 la Comunidad Papa Juan XXIII se había difundido y alargado a nivel mundial. Por este motivo Don Oreste Benzi en calidad de fundador pidió un reconocimiento canónico a la Iglesia de Roma presentando una carta al Pontificio Consejo para los Laicos, el 29 junio 1994. El esquema de vida es ulteriormente analizado y reflexionado. De la nueva elaboración se escriben la “Carta de Fundación”, el “Estatuto” y un “Directorio” en donde se aclara en que modo se tendrá que llevar a la práctica los conceptos de los dos documentos precedentes. La Santa Sede por más de 4 años resuelve sus investigaciones y profundiza la vida y las actividades de la Comunidad Papa Juan XXIII dando testimonio “de la salda y fiel pertenencia a la Iglesia Católica y de su servicio evangélico y misionero”.
El 7 de octubre 1998 el Pontificio Consejo para los Laicos reconoce la Comunidad Papa Juan XXIII como asociación internacional privada de fieles, de derecho pontificio, con personalidad jurídica a norma de los can.298ª e321 – 329 del Código de Derecho Canónico. Aprueba además “ad experimentum” por cinco años los estatutos y la Carta de Fundación. Durante este periodo son revisados los documentos de fundación para eventuales correcciones y modificaciones. Al terminar este trabajo en junio 2003, padre Oreste Benzi pidió la aprobación definitiva.
Finalmente con decreto fechado 25 marzo 2004 solemnidad de la Anunciación del Señor, el Pontificio Consejo para los Laicos confirma el reconocimiento definitivo a la asociación “Comunità Papa Giovanni XXIII” como asociación privada internacional de fieles de derecho pontificio, según los cánones 298 – 311 y 321 – 329 del Código de Derecho Canónico aprobando definitivamente también los Estatutos y la Carta de Fundación.
Toda la asociación acoge con gran alegría este reconocimiento. Padre Oreste Benzi lo define “un don inestimable” porque, como el mismo escribió en la edición de la revista “Sempre” de julio 2004, “hermanos y hermanas miembros de la comunidad y aquellos que viven el periodo de verificación vocacional pueden vivir alegres y tranquilos en la absoluta certeza que la vocación de la comunidad es camino seguro para santificarse, para construir el Reino de Dios, para participar a la misión de salvación de la Iglesia, para remover las causas de la marginación, para realizar los cielos nuevos y la tierra nueva donde reina la justicia de Dios”.
